"–Pepe, arrímate que te cuento como es la cosa –le dijo Germán Vidal..
–Cerrá ahí y vení, Pepe –le insistió... Etchenique...
David le arrimó una silla y Belleti completó el cuarteto en torno a la mesa sobre la que había un mapa de esos que se conseguían en las estaciones de servicio.
–El hombre llegaría por acá –Vidal recorrió con el dedo la calle Lavalleja hasta llegar a Acevedo Díaz, donde se ubicaba el depósito de la textil Sudamtex...
–La idea es pararlo, sacarle el portafolio y rajar... –explicó Vidal.
–No hay problema –aseguró Pepe.
A la hora indicada, Pepe y David–en el asiento trasero– llegaban a la zona de la Universidad de la República, a dos cuadras del objetivo. Bajaron por Acevedo Díaz, pasaron frente al IAVA, y observaron que en la puerta de la fábrica Sudamtex había unos empleados...
La gerencia de la textil había tomado el recaudo de montar una guardia especial de dos operarios para ese último día del mes en que el contador debía retirar unos veinte mil pesos del banco y volver a la empresa a fin de pagar los sueldos.
Los funcionarios de la guardia especial advirtieron los movimientos sospechosos de una moto aún más sospechosa, y al dar aviso a la administración de la fábrica, desde allí se telefoneó a la policía.
-¡La cana, la cana!-advirtió Mujica con el corazón a mil...
Cuando David echaba mano a su arma, la moto trastabilló y aunque Pepe la dominó la policía ya estaba encima...
Pepe ni amagó a sacar su revólver, que quedó con sus seis balas en el tambor...”